Canadá corteja a BYD y Xpeng para atraer inversiones en VE

Canadá ha decidido nadar contracorriente en la guerra comercial de los vehículos eléctricos. Mientras Estados Unidos impone aranceles del 100% a los coches chinos y Europa debate medidas similares, el ministro de Comercio Internacional canadiense, Tom Kmiec, se ha desplazado hasta Guangzhou para cortejar directamente a los gigantes chinos del sector.
La misión comercial ha incluido reuniones de alto nivel con BYD, Xpeng y GAC Motor. El objetivo es claro: atraer inversiones multimillonarias para establecer plantas de producción en suelo canadiense y convertir al país en la puerta de entrada asiática a Norteamérica.
BYD evalúa Canadá como alternativa a México
BYD, líder mundial en vehículos eléctricos con más de 3 millones de unidades vendidas en 2025, estudia seriamente la propuesta canadiense. La compañía de Shenzhen había anunciado previamente planes para una planta en México, pero los aranceles estadounidenses han complicado esa estrategia.
Según fuentes cercanas a las negociaciones, BYD valora especialmente el acceso preferencial que tendría desde Canadá al mercado estadounidense a través del T-MEC (antes NAFTA). La tecnología Blade Battery de BYD, con su química LFP (litio-ferro-fosfato) más segura y duradera, podría fabricarse localmente para esquivar las restricciones comerciales.
El fabricante chino ya tiene presencia en el mercado canadiense con autobuses eléctricos en ciudades como Toronto y Vancouver. Dar el salto al vehículo particular sería el siguiente paso lógico, especialmente con modelos como el BYD Seal o el Atto 3, que han triunfado en Europa y Australia.
Xpeng apuesta por la tecnología autónoma canadiense
Xpeng Motors, especializada en vehículos eléctricos de alta tecnología, ve en Canadá una oportunidad única para desarrollar sus sistemas de conducción autónoma. El país norteamericano cuenta con un ecosistema tecnológico avanzado y regulaciones más flexibles que Estados Unidos para probar vehículos autónomos.
La compañía china, que facturó más de 30.000 millones de yuan en 2025, busca establecer centros de I+D que complementen su producción. Sus modelos P7i y G9, con autonomías superiores a los 700 kilómetros, podrían adaptarse específicamente para las condiciones climáticas extremas canadienses.
GAC Motor, por su parte, ha mostrado interés en el segmento de vehículos comerciales eléctricos, donde Canadá tiene una demanda creciente debido a sus políticas de descarbonización del transporte.
Una estrategia arriesgada pero necesaria
La apuesta canadiense no está exenta de riesgos. Estados Unidos podría presionar a su vecino del norte para que endurezca su postura hacia los fabricantes chinos, especialmente si estos utilizan Canadá como plataforma de exportación.
Sin embargo, Canadá necesita desesperadamente inversiones en el sector automovilístico. El cierre de plantas tradicionales y la transición hacia el eléctrico han dejado miles de empleos en el aire. Las inversiones chinas podrían crear entre 15.000 y 25.000 puestos de trabajo directos e indirectos.
Además, el gobierno de Justin Trudeau ha fijado objetivos ambiciosos: que el 100% de las ventas de vehículos nuevos sean eléctricos en 2035. Para lograr esto, necesita fabricantes que puedan producir vehículos eléctricos asequibles a gran escala.
Implicaciones para el mercado global
Si las negociaciones fructifican, Canadá podría convertirse en el caballo de Troya de los fabricantes chinos en Norteamérica. Una estrategia que recuerda a la utilizada por las marcas japonesas en los años 80, cuando establecieron plantas en Estados Unidos para sortear las restricciones comerciales.
Para Europa, donde BYD ya tiene confirmada su planta en Hungría y Xpeng estudia opciones de producción local, los movimientos canadienses añaden presión competitiva. Si los chinos logran establecerse sólidamente en Norteamérica, su capacidad de negociación global se multiplicará.
La decisión final de BYD y Xpeng se conocerá en los próximos meses, pero una cosa está clara: la geopolítica de los vehículos eléctricos está redibujando el mapa de la industria automovilística mundial. Y Canadá ha decidido jugar sus cartas para no quedarse fuera de la partida.


